Este 20 de agosto, la banda chilena estrenó «Santiago No Espera«, su primer álbum que habla de una generación marcada por el estallido, la pandemia, las redes sociales y una pregunta que recorre sus canciones.
Abelocaín estrena su primer disco y el inicio de una nueva etapa para la banda. Un álbum construido desde la experiencia de vivir en el Chile actual: la velocidad de Santiago, las tensiones sociales, la política, las relaciones humanas y una generación acostumbrada a experimentar el mundo a través de una pantalla.
Con influencias del rock y el pop de guitarras, el grupo busca instalar una idea sencilla: volver a hacer canciones chilenas que puedan formar parte de la vida cotidiana. “Queremos hacer música popular en el sentido más literal de la palabra. Si nuestras canciones suenan en la micro, en el metro, caminando o yendo a comprar el pan, objetivo cumplido”.
Para Abelocaín, esa búsqueda implica también preguntarse por el país en el que esas canciones están siendo escritas.
Una generación que dejó de alzar la voz
Santiago No Espera nace después de dos acontecimientos que marcaron profundamente a su generación: el estallido social y la pandemia. Entre ambos fenómenos, la banda identifica una transformación que atraviesa buena parte del disco.
“¿Qué pasó entre el estallido y ahora que dejamos de alzar la voz? Nos quieren callados, consumiendo y mirando el celular”.
La contradicción aparece permanentemente en las canciones. Una generación capaz de pasar en segundos desde el humor hasta la tragedia y continuar haciendo scroll. “Podemos pasar de un reel de Felipe Avello a una imagen de la guerra en Palestina mientras paseamos al perro. Vivimos en constante contradicción y lo asumimos con total normalidad”. Desde esa misma mirada Abelocaín plantea una de las declaraciones más duras que acompañan el lanzamiento del álbum: la preocupación por el lugar que está ocupando actualmente la cultura.
“Nos quieren llevar otra vez a un apagón cultural. Los gobernantes quieren convencernos de que la cultura no importa. Solo esperamos que esta vez los libros no terminen en el fuego”.
La referencia no busca presentar a la música como una solución política, sino reivindicar la posibilidad del arte de incomodar, cuestionar y abrir conversaciones. “El rock sigue siendo una respuesta para los gobernantes que quieren apagar el arte. Cuando el rock funciona de verdad, hace ruido, y quizás por eso nunca ha sido demasiado útil para el poder”.
Santiago no es Chile
La identidad chilena es otro de los temas que atraviesa Santiago No Espera. Para Abelocaín, la chilenidad no puede reducirse a símbolos, celebraciones o una única forma de comprender el país. “Ser chileno no es solo una bandera ni las Fiestas Patrias. Es también lo que vemos en el celular, los memes, lo que recordamos y lo que decidimos olvidar. A veces pareciera que nos preocupa más la bandera que la persona que tenemos al lado”.
Desde esa perspectiva, el disco reconoce la contradicción de intentar hablar de Chile desde Santiago. “El norte no suena igual al sur; Santiago no tiene el silencio del norte, ni el sur el estruendo de Santiago”.
El álbum fue concebido precisamente como un recorrido: comienza inmerso en la velocidad, el ruido y las tensiones de la capital y progresivamente se desplaza hacia un espacio más introspectivo. “Es como un viaje en micro por Santiago que termina dejándote en el terminal de buses. Sales, recorres distintas partes de Chile y puedes empezar a mirar las cosas desde otra perspectiva”. Musicalmente, esa idea se traduce en un disco que transita entre el rock y el pop, incorporando también referencias al folclor y samples provenientes de videos virales, entendidos como parte del imaginario popular de una generación criada entre internet, televisión, memoria y redes sociales.
“También somos parte del problema”
Pese a la crítica que recorre el álbum, Abelocaín evita instalarse en un lugar de superioridad frente a aquello que observa. “Nuestra música no viene a dar lecciones, porque nosotros también somos parte del problema”.
Detrás de esa declaración aparece una de las ideas centrales de Santiago No Espera: recuperar el encuentro con otros. Frente a una época marcada por el algoritmo, el consumo rápido de contenidos y relaciones cada vez más mediadas por pantallas, la banda reivindica el acto de tocar en vivo, conversar después de un concierto y conocer a quienes están escuchando sus canciones. No se trata, aseguran, de jugar a ser “rockstars”, sino de recuperar algo mucho más elemental: la conversación.
Con su primer álbum, Abelocaín busca abrir una nueva etapa musical y, al mismo tiempo, dejar planteada una pregunta que resume buena parte del espíritu del disco:

